Mercadillos de navidad

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No hay pueblo o ciudad que en estas fechas no tenga un mercadillo navideño, no hay lugar en el que no encuentres una caseta llena de figuritas para los Belenes, de espumillón, de algún que otro expositor plastico con postales con paisajes navideños porque aunque parezca mentira todavía estamos nostálgicos de las postales que seguimos felicitando las fiestas a nuestros conocidos y amistades con una bonita postal escrita de puño y letra y echada al buzón de correos para que llegue a su destino en los próximos tres días. Qué le vamos a hacer lo bueno no debería de morir nunca, y esa era una de las mejores costumbres que teníamos, la de escribir a los seres queridos pequeñas frases en preciosas estampas.

Los mercadillos llenan las plazas de los pueblos de vida, de risas, de gente comprando, de personas mirando, decidiendo que figurita va mejor en el hueco que les queda, que animalito es el ideal para completar la pequeña granja… Da gusto pasear por las plazas de los pueblos y de las ciudades y contagiarse del espíritu navideño que lo impregna todo, da gusto ver que las tradiciones se siguen manteniendo y que por  mucho que cambien las cosas, que la tecnología avance, que los inventos nos superen, da gusto ver que todavía montamos los Belenes en las casas, que seguimos iluminado las ventanas y los balcones para que por las noches todos vean que celebramos la Navidad y que se venden bolas y adornos para los árboles que montamos en las casas con el propósito de respirar también en casa el mismo espíritu navideño que se ve en los mercadillos.

Muchas cosas se nos van quedando en el olvido con el paso del tiempo, los años dejan por el camino costumbres que antes teníamos y os van trayendo otras más modernas, más actuales que nos hacen a veces cambiar las maneras de pensar o la manera de actuar en dichas ocasiones.
Por suerte las costumbres navideñas siguen intactas, seguimos haciendo las mismas cosas que hace años y eso es un consuelo, seguimos haciendo Belenes vivientes y viviendo la Navidad como un momento especial, como un tiempo para pensar, recapacitar, un tiempo de unión, un tiempo de pasar página, de compañía familiar y de perdón. Las personas que vivimos la Navidad así, agradecemos que no hayan cambiado y poder seguir celebrando por muchos años más las Navidades tal y como son.